ESTA INTENSIDAD CON QUE ME VIVO

 

Esta intensidad con que me vivo
estos pájaros
estas sombras bajo las acacias
este prado mojado y fresco
esta dolorosa inquietud que me oprime,
entre los dedos de una mano
el temblor de un anhelo,
la debacle, el adiós definitivo
en alguna parte del pecho.

Esta intensidad que atraviesa mi carne.
Húmeda mañana de adelfas y gritos de mirlos,
entre tus manos tiembla mi anhelo.
No hay más allá de mi casa otro rincón más bello
¿por qué habré de marchar pues?
huir de mí, encerrarme en el movimiento.

Este intenso vivir
algo desganado, triste
en donde cada día brotan las mismas flores
el mismo anhelo.

Mañana temprana de soledad y pájaros
con un poco de viento.

¿Y levantarme cada mañana al alba
para encontrarme con vosotros,
árboles, pájaros, adelfas, prado fresco?
¿Por qué abandonaros, mañana, prado, brisa, campo?
Ah, este desespero que me lleva fuera de mí
desorientado, perplejo.

11/06/2005

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿CÓMO DEMEDIARTE?

 

Pero cómo demediarte
y retener lo que me pertenece,
lo que amo.
Ahora, amiga mía,
ahora que vengo del aire
y del rumor de los arroyos,
ahora que me ilumina
la plenitud de una soledad
caminada de altas cumbres,
ahora que mi cuerpo
está hermosamente cansado
y lleno de la paz del esfuerzo.
Ahora quisiera encontrarme contigo,
amor,
contigo, con la parte
que el destino debió separar de ella
para unirse a mí.
Mas no estás sola,
tu otra mitad retiene tu alma
y yo no puedo hablarte confiadamente
porque siendo una parte
y estando entera
sería como hablarte
en presencia de una extraña.
Extraña,
esa que llevo meses arrancando de mí
y de la que yo amo
usurpa el alma.
.

10/07/20050


PORQUE ES NECESARIO ESTAR VIVO

Porque es necesario estar vivo
para escribir versos
junto al abismo
en donde plañidos y ansiedad
o el grito de un gozo
contemplan el frío acero
de una esperanza yerta
que se hizo fuego y silencio
entre dos esperas.

Vivo frente al frío
confín del amanecer,
exhausto,
sed sin agua,
al borde del colapso
sólo para encontrar
sombra, arena,
ansiedad
el pozo de una inquietud,
entre el dolor y una tregua.

Anudar razones
con que atar el agua,
vida marina
tan pronto de bruces en la roca,
grave oleaje,
como caricia sobre la arena.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONJETURA

 

Quizás incluso
esta grotesca manera de querernos
tan original,
tan nunca vista,
sea una falacia de la realidad
para hacer brotar
armonías imprevisibles,
y donde el ojo corriente
sólo ve estúpido anacronismo
pazca incipiente y escondido
el perfume de un amanecer malva.
Quizás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

COMO UN ECO

 

No es tanto tu presencia
como el eco hueco
donde danza un parapente
sostenido por un horizonte de estrellas fugaces.
Térmicas que empujan,
Dios sabe dónde,
por un paisaje tortuoso e incierto,
arrastrado de vientos,
inflado de tu presencia inequívoca.
Vientos del norte,
del sur, del este,
constantes y silenciosos,
presentes hasta la hez.
Me duermo,
mi siesta me duerme en tus brazos aciagos
llenos de viento con sabor a duda
con sabor a frutos extraños
a sexo, a sudor de domingo temprano.
Habrá de ser así
sin remedio
sin esperanza,
la certeza sólo de unos brazos llenos de viento,
el perfume del campo
entre tus piernas
acre, lleno de resonancias,
con olor a invierno.


 

 

 

 

 

 

NO HA DE IMPORTAR MI ANHELO

 

No ha de importar mi anhelo
huracán, viento, brisa
sobre la tierra salobre de mi cuerpo,
mío, corazón loco
cabalgando brasas de sol.
Roto, dislocado
al borde del camino,
sediento.
Encuentro entre los riscos
un recuerdo
la furia desmembrada de mí mismo
inquietud preñada
salva de gozo y pena solitaria.

No ha de importar mi pena
canta y llora en ella
la madrugada, el frío,
toda mi plenitud de caminante
brama en mi pecho
como una fiesta,
profundo e insondable cansancio
de olvidar también junto al camino
el anhelo, la memoria entera.

19/07/2005

 

 

 

 

 

LLUVIA DE AUSENCIA

Pardo bienestar
(bienestar sin camino
no es lo mismo)
pardo, niebla prado, gallo
balada para el descanso.

Cuarteto de sombra
de agua y olas
Naomí, viento,
mirada de cuento
mana espesa calma
senda de bruma
de hoguera,
de escarcha blanca.

Dios de los bosques
diosa de niebla y agua
bruñe mi alma
estaña mi pena
con tus lágrimas,
camarada (errante)
y mirada perdida, Dios,
en la nada.

Camino de luengas barbas
de niebla y luna
tintineo de hojas
allá susurros de abuela
una canción de cuna
y una alameda..

 

 

 

 

 

 

 


 

EL MONSTRUO DE HIERRO

 

En la espera ondulada de la tarde
arrastra el viento su cabello rubio
y ardiente sobre la arena.

En la espera ondulada de la tarde
versos del Corán
sombras postradas hacia la Meca
cruzan la arena.

En la espera ondulada de la tarde
bajo un cuarto de luna
y alguna estrella
una larga fila de hombres
eleva sus plegarias
en este tiempo de espera.

11/09/2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SU GRACIA INFINITA

 

Colinas de hierba, manglares
donde se enredan mis ojos
como noches de verano
llenos de ti y
de estrella fugaces.

Refresco, agua, calor, brisa,
la gracia del aire
besando tu cuerpo,
las nubes azules
cabalgando la tarde.

Nada más lejos que tú,
mi amor,
nada más hondo
lejano claro de luna
flotando la espesa costra de agua
miedo, anhelo,
silencio imperturbable.

Desierto de arena y lluvia
tu cuerpo.
Las mechas de tu cabello,
resbalando amables
la amplia curva del cuello,
visten de gracia
tu rostro de trigo
mecido por viento de tarde.

16/09/2005


 

 

 

 

 

 

 

CRÓNICA SENEGALESA EN VERSO

Para Rosa

Maurice se llama, dice llamarse,
se acerca, soy yo, ¿recuerda?
del hotel gerente ayer por la tarde.
Mil perdones,
je me suit regrette par no le reconnaître.
Estamos en la calle
y pa mi todos los negros son iguales,
(no las negras, no, que me gusta remirarlas
el cuerpo, los ojazos, su buen talle,
que no pierdo una brisa de tal paisaje)
Alto, buen porte, la gran túnica blanca
le da un buen aire de negro de clase;
seguro, pródigo, desinteresado, amable,
se viene con nosotros... por poco,
que pronto somos nosotros
los que tras él vamos
como un carro por él tirado.

Buen paisano el negro,
gerente primero
de un buen hotel del centro.
Conoce a los que dirigen cotarro.
Aquí, mis clientes de hotel,
nos presenta el rey del mambo.
Desembolso cincuenta mil cefas
por dos papelitos blancos,
presumiblemente billetes para Bamako;
todo un rito ir sellándolos
mientras pienso si será aquello
el timo de la estampita del año.
Pero serio y circunspecto,
nuestro gerente negro,
enjalbegado desde el cuello hasta el suelo,
no deja duda al respecto.

Guardo mis papelitos blancos
y sellamos la compra venta
con un apretón de manos.
Conversamos:
en Bamako il y a mosquitos como carros,
asentimos, lo sabemos,
somos una pareja de ilustrados;


pero lo que no sabemos, parece,
es del mosquitero necesario.
Los hoteles no lo tienen
que el viajero ha de llevarlo,
dice nuestro negro negro,
alto Rosa y buen aldeano,
todo un misterio de tío,
(¿cómo eran aquellos versos
¾maravilloso Nicolás Guillén¾
del negro zumbón cubano?)
seguro como un mago
por el centro de la rue,
nos tiene en un puño
agarrados como enanos.
En Malí no hay mosquiteros
que la gente de allí son mancos,
yo te presento un amigo, dice,
que los vende regalados,
tres veces más baratos
que en cualquier estanco.

Se para ante un negocio clausurado
desde los tiempos de Franco;
él dice que hoy viernes está cerrado
pero que su amigo el dueño
por nosotros abrirá el mercado,
que nos sentemos en el banco.
No pasan ni tres minutos
y ya viene con un negro
de parecido calado,
un señor gordo
con pinta de despistado
(que eso lo digo ahora
después que me hubieron timado),
que lleva una bolsa negra
con un mosquitero blanco:
treinta mil cefas, señores,
toda una ganga
para clientes nefandos.
Este trilero de Dakar
es un artista: ¡andando!
coge el dinero,
se va con el gordo,
nos trae unas cuerdas
y nos despide cantando.
Nosotros nos alejamos contentos
con nuestro tul de novia
en el macuto pardo.

¡Qué negro el negro!

 

 

 

 

 

Convincente y señorón
nuestro gerente de hotel
me pide ahora un dinero
para comprar también él
un mosquitero.
Que luego me lo da,
esta tarde en el hotel Continental.
No tengo dinero, le digo,
no puedo,
y saco de mi refajo
unos billetes viejos.
Y aquí la magia de alguna droga,
los ojos del negro, Rosa,
de azabache como los de Platero,
produjeron el encanto
de soltar yo mis dineros.
Sí, señores,
mis dineros yo solté al negro,
al negro que te quiero negro
de mis pensamientos,
que sobornó mi voluntad
con su mirar de minero;
al negro gerente,
al negro despierto
el gilipollas de turno,
yo mismo,
solté el dinero.

Cuando por la tarde
esperaba yo el regreso
de mi gerente de hotel,
yo ya de vuelta de mi caguelo,
de vuelta del embrujo negro,
vergüenza me daba
contar en recepción el suceso,
aunque con la esperanza quizás
de recuperar mi dinero
a última hora llovido del cielo.
Pero arméme de fuerzas
y bajéme del primero
solito por no pasar vergüenzas
a preguntar por Maurice
al piso bajo, a susurrar
en el mostrador mis pecados.
El confesionario, Rosa,
no tenía la celosía
que yo hubiera deseado
para ocultar mi vergüenza
de lelo recién caído de lo alto.

En fin, me dieron la absolución
y como penitencia, la imposición,
de confesar por doquier
mi soberana memez de pazguato.

Dakar, 16/09/2005

 

 

 

 

 

 

 

“VETE TÚ, HAY CAZADORES. LO SIENTO"

 

Lejos como el viento
como el mar
lejos, mi amor, lejos.

Leo versos de Ramón de Basterra y Pedro Salinas
mientras tú estás lejos, lejos.
Cabaña,
leer entre las sábanas, versos.
“¡Sí, todo con exceso,
la luz, la vida, el mar!”

Mañana de cazadores
de caza y viento.
Oigo entre verso y verso
los ladridos excitados de los perros
el ulular del miedo,
entre el calor de las sábanas, mi cuerpo,
entre mis manos, unos versos.

Estoy lejos, sí, ya lo veo,
tan lejos como tu débil voluntad,
como tu sometimiento.

¡Qué extraña elección la tuya,
cadenas de hierro,
de pájaro enjaulado el aleteo
de chucho atrapado el desasosiego!
¡Qué extraña elección la tuya
que pudiendo ser aire
en la naturaleza
te haces jaula, desorientado pataleo!

Mientras, yo leo versos.

¿Podrá tu miedo, crees,
la sombra oscura cernida
sobre tu alma,
acaso seguir el argumento
de una película
mientras mi brazo rodea tu cuello?
¿Acaso dar un paseo?

09/10/2005


 

 

 

 

¿TODO ESTO POR AMOR A TUS HIJOS?

 

No sé bien qué espacios precisos habitan tus deseos.
(Nuestro petirrojo bebe en un pequeño charco que llenó
anoche el riego)
Mi ansiado empeño de hablar contigo,
de recorrer nuestras idas y venidas por este tiempo tan negro,
queda ahí, varado, esperando a que de la marea le llegue
el aliento,
lo ponga a flote, cómodo, contento,
a conversar en una tranquila tarde de asueto.
Mientras tanto me limito a mirar desde la lejanía tu paisa-
je de invierno,
compongo versos, “sí, todo con exceso”
que leía en Pedro Salinas esta mañana de caza y viento.

Hoy me toca revisar versos y dibujar junto a ellos
con lápiz blando el perfil de algún cuerpo,
la silueta de algunos árboles,
compañeros que arropen los poemas para un libro nuevo;
y no está mal que antes del comienzo
afine mi voz de poeta diciendo te quiero,
Pequeña, desasosegada alma del miedo.

Me preocupas... y tanto,
pese a ese retórico y constante tuyo: “tú no te preocu
pes...”
Es mi estómago, Pequeña,
que de lejos ve aglutinarse a las nubes tormentosas del
verano
sobre tu campo de trigo ajado
como si algo dentro de mi alma se estuviera quebrando,
constantemente sometida, azotada la tuya, por el miedo,
por los celos, por no ser capaz de oír tu propia voz
en medio de este otoño, que grita, que clama: ¡basta!
¡iza las velas, hazte a la mar, mar adentro, gritando...!

Quizás estos versos no sean para ti,
alma libre de hacer su voluntad, en cualquier caso,
quizás sean para mí,
la tenue imagen de un amor al otro lado de mí yo amargo
que alenta mis versos, mi pasión,
(“¡Sí, todo con exceso,
la luz, la vida, el mar!”)
y tú eres una lejana sombra destinada por voluntad propia al fracaso,
a ser perseguida por hijos, marido, vecinos, un puñado de
zafios,
destinada a ser en mí lo que nunca querrás ser en ti:
amor y justicia en un ser humano.

¡Que Dios te bendiga, mi amor, que él te tienda su mano,
y acoja tu cobardía y pobreza de espíritu
con la santa benevolencia con que lo hizo antaño!

09/10/2005