LEYENDO A NOVALIS

Un poema de Novalis
tensa mis mandíbulas,
conciencia crecida de amor y tristeza,
ceniza en la ancha tumba del mundo.
Mi lectura se llena de gallos y montañas desnudas,
el calor de las fuerzas interiores
zumba como rumor de abejas.

Mañana de gallos
a la sombra de un cañaveral trenzado.
Las ramas de una mimosa
arrancan del alféizar
entre varas de hierros
que cimbrea el aire.
Calor.
Mañana de lectura y viento.

Cruza la terraza, como vaharada
y memoria de viajes lejanos,
las notas de una canción de los Beatles.

Nazca 19/10/02

 

 

 

¡CARAY, QUÉ BUENO QUE VIVÍ !

Italia, rincón del alma
entre Cuba y Brasil,
sóngoro cosongo
pezón de leche
lunar de miel.
Cuando me muera
¿cómo podré hacer cuentas?
fin de negocio, caput,
todos los recuerdos juntos
difuntos, risas, cantos,
tanto, tanto, tanto:
caramelos de montaña,
carajo, qué bueno,
tanta vida tanto juego
la risa, el monte, el guano,
el aire alto
el valle
la espuma de tu risa
resbalando por el hueco de la tarde.
Vuestros rostros, vuestros labios,
Caray, qué bueno que viví así,
que bueno.

Estéril tiempo el de ganar un sueldo
que no vale el color
de una mañana de fiesta.
Cuando uno se muera
debería poder parar el tiempo
dar un último beso
a todos los rincones desolados del alma,
debería poder tocar las manos amadas
besar los sueños rotos
convocar a todos los esfuerzos
en un acto único,
cantar una canción,
disolverse en la niebla
con la mano de la despedida en alto.
Se acabó, queridos, cuidaros: adiós.

Manaus-Tabatinga, 19/09/02


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

gusta tu cuerpo